jueves, 5 de marzo de 2009

La ofensiva luce imparable



OSCEOLA.- Las temperaturas bajo cero que registraron los maderos venezolanos en el primer Clásico Mundial de Beisbol fueron el gran “issue” de la opinión deportiva nacional durante todo 2006. La artillería criolla era un centro de acopio de seis Bates de Plata, doce temporadas de más de cien empujadas en las Grandes Ligas, 18 zafras completas de más de .300 puntos, ocho torneos de treinta o más bambinazos. La plata se fundió, las centenas se volvieron unidades, los jonrones se multiplicaron por cero y el resultado final fue un promedio de 3,6 carreras por partido y .186 de average que golpeó a los aficionados, y al país, con el mazo de la frustración.

El temor de que una ola de frío como esa se repita durante 2009 subyace en las mentes de la fanaticada, aunque de entrada se otea que saldrá el sol en Toronto. A diferencia de lo ocurrido en el prólogo de la primera edición del CMB, las prácticas de 2009 se caracterizan por conexiones de mayor contundencia; el primer juego de exhibición arrojó una mejor coordinación ojo-mano que produjo cinco anotaciones. Jugadores y técnicos confirman esa apreciación. De hecho el mánager Luis Sojo, que en la LVBP coleccionó cinco coronas de bateo, observa abismales diferencias entre los días previos al certamen de 2006 y lo que está pasando tres años después. “En el 2006 los peloteros se quejaban hasta en las prácticas. ‘Estoy atrás, me estoy ñameando, no veo la bola bien. Y ese es el proceso de adaptación para los partidos”, describía el dirigente hace dos días. “Pero ese no ha sido el caso ahora. Los peloteros se prepararon y se ve un mayor ‘timing’. Se nota que quedaron picados, todos quedamos picados, porque nadie puede venir a un Clásico Mundial a manguarear. Cuando ves a los bateadores agarrando los pitcheos de la forma que lo están haciendo te das cuenta de que están plantados. Y plantarse es una de las partes más difíciles del bateo: coger los pitcheos buenos, dejar pasar los malos. Los muchachos tienen eso en la mente. Saben que tienen que mejorar”.

Y es verdad: lo saben. Entre los toleteros de la selección es constante la referencia a las penurias de 2006 y a lo que hicieron para que nunca más se repitan aquellos hechos.

Bob Abreu conectó .150, sin extrabases, y apenas dos remolcadas en el primer Clásico. Su swing estaba lento, le faltaba confianza. El Abreu de hoy luce mejor armado, se parece más al cañonero con average vitalicio de .300 en el bigshow. “En el Clásico pasado estuve bastante gordo, esta vez estoy bastante en forma, en mejores condiciones. Ha sido un vuelco grande después de lo que sucedió en ese campeonato, hubo un aprendizaje”, describe la diferencia el “Comedulce”. “He venido trabajando en Venezuela desde hace tiempo y aquí he bateado más. No hay ningún tipo de problema, me siento bastante cómodo. Estos juegos de preparación nos van a ayudar para ver más pitcheos. Llegar temprano a los campos de entrenamiento me ha resultado útil para soltarme, para adaptar el cuerpo”.

Magglio Ordóñez ligó para .100 hace tres años. Consiguió apenas dos sencillos en veinte viajes al home, con dos fletes. “Aquí nadie está en forma”, dijo durante el transcurso de la competencia, donde la Vinotinto quedó eliminada en segunda ronda. Ahora es distinto, las líneas están saliendo del barquillo con buena velocidad. “Estoy mejor que en 2006, muchísimo mejor”, repite el falconiano. “Creo que lo que pasó esa vez fue que no sabíamos la responsabilidad que teníamos de representar a Venezuela. Ahora todos lo sabemos. Por eso yo me preparé con anticipación y sé que los otros muchachos también lo han hecho. Si te pones a ver a los jugadores te das cuenta de que hay otra química y estamos en la misma línea. En este barco estamos todos montados, tenemos que seguir navegando”.

En el CMB I, Carlos Guillén dio de 18-2, con un doble y cero producidas. Un bateador de .290 de por vida en el circo máximo se vio reducido a .111 de average. Para el maracayero es página pasada. “Siempre trato de respetar mi trabajo y prepararme para cualquier evento”, apunta el aporreador ambidiestro. “El juego diario mi irá dando el ‘timing’ que se necesita. Deberíamos estar listos, llevamos dos semanas de entrenamiento con nuestros equipos de Grandes Ligas y estamos haciendo los ajustes”.

Miguel Cabrera, que le marca el norte a los paleadores venezolanos de la actualidad, enseñó un pálido .211 en el estreno del Clásico. Se lució en la fase inicial y después se apagó en San Juan. El astro de los Tigres de Detroit está cansado de que le recuerden ese pasaje, prefiere mirar hacia adelante, hacia todo lo que piensa hacer en Toronto, Miami y Los Ángeles. “Gracias a Dios me siento bien, y con buena salud”, expone el slugger diestro. “Espero llegar así al primer juego, con fortaleza, con buen ánimo, arrancar en ese Clásico con buen pie. Eso fue lo que se habló, que había que llegar mejor preparados para que no pasara lo de la otra vez. Y vamos a llegar mejor preparados. Fue importante haber llegado temprano a los entrenamientos, confiamos en la ofensiva que tenemos. Ya estoy cansado de que me repitan eso del 2006. Estamos aquí en el presente, estamos en 2009 y vamos a tratar de ganar esto”.

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