BUENOS AIRES -- Tenía que volver a ganar. De los últimos seis partidos por Eliminatorias, la Argentina había sumado un triunfo, una derrota y cuatro empates, dos de ellos de local. Las cosas venían mal en lo futbolístico y en la relación plantel-cuerpo técnico. Por eso la caída ante Chile terminó con el ciclo de Alfio Basile y puso a Diego Armando Maradona, nada menos, al frente de la selección. Después de dos triunfos en amistosos ante Escocia y Francia, llegaba la hora del debut oficial. Seguramente, si hubiera tenido la posibilidad de elegir, Maradona no hubiera dudado: Venezuela y de local, qué mejor para dar los primeros pasos por los puntos. Un rival más que accesible, en casa y con todas las figuras disponibles en cancha suponía un arranque tranquilo para ganar confianza de cara a lo que viene. Y así fue. La goleada por 4-0 confirmó las abismales diferencias existentes entre un plantel y otro y les permitió a los albicelestes -luego de la derrota del líder Paraguay- acercarse a la punta de la tabla. Cancha llena y una recaudación récord (casi cinco millones de pesos, más de un millón y medio de dólares) fueron el marco ideal para la presentación del equipo de Maradona, que sin Riquelme, decidió salir con tres en el fondo (Zanetti, Angeleri y Heinze), dos volantes de contención (Mascherano-Gago) y toda la artillería adelante: Messi, Agüero y Tevez. Con un planteo tan ofensivo todos imaginaban una amplia superioridad en el juego, en las situaciones de gol y en el resultado. Cierto, en parte. En el primer tiempo, a pesar de tener casi siempre la posesión de la pelota, la Argentina no generó muchas situaciones de gol. En el segundo sí encontró la precisión, el fútbol y los espacios que no tuvo en los primeros 45 minutos. Venezuela vino a hacer su negocio. Defenderse. Lo hizo con inteligencia en la primera mitad, sin apelar a golpes desleales. Defendiendo con dos líneas de cuatro y dejando arriba solamente al pobre Giancarlo Maldonado. Cuando tenía la oportunidad de avanzar al campo contrario, lo hacía. Pero ahí quedaba claro porque llegó al Monumental con la premisa de defender. Cada vez que atacaba dejaba espacios para el contrataque argentino. Y eso, con el tridente que Maradona puso en cancha, fue letal. Así, con Venezuela atacando, llegó el 1-0. Zanetti se llevó la pelota desde su propia área, habilitó a Tevez, éste se la dio a Messi y el del Barcelona definió bárbaro para ponerle justicia al marcador. Argentina, sin jugar un gran primer tiempo, se las arreglaba para ganar con la presencia de Mascherano en la mitad de la cancha -el motor del equipo- la velocidad de Messi, recostado a la derecha, desbordando y metiendo diagonales, y la movilidad de Tevez. Faltaba saber qué iba a pasar en el segundo. Si Venezuela podía aguantar para ponerle, al menos por un tiempo, un poco de emoción al resultado, o si la Argentina iba a volver a convertir rápido para liquidar el compromiso. Ocurrió lo último. De movida Messi volvió a desbordar, mandó centro y Tevez de volea selló el 2-0. A partir de ahí, con toda la tranquilidad del mundo, los locales manjearon todo a voluntad. Antes de los 30 minutos el partido estaba 4-0 (goles de Maxi Rodríguez y Agüero) y la gente acompañaba con el "ole" cada pase y cada jugada con olor a gol. Fueron cuatro, pudieron ser más. ¿Qué se puede decir de Venezuela? La Vinotinto atacó poco y nada, buscó casi siempre con remates desde afuera del área y casi no generó situaciones de gol. Intentó ser un equipo prolijo, con buen manejo de pelota (esto significa darle, por lo general, el pase a un compañero) y su objetivo primario fue aguantar con el arco en cero el mayor tiempo posible. Cuando llegó el primer gol, el objetivo pasó a ser perder por la menor cantidad de goles posible. ¿Y Riquelme? ¿Se lo extrañó? Para nada. Sin un enganche clásico, la pelota circuló más por los costados, con Jonás Gutiérrez y Maxi Rodríguez, los dos de aceptable trabajo. Hasta Gago, por momentos, se animó a manejar la pelota y a sumarse al ataque. Messi, la figura, tuvo la 10, y jugó a lo Messi pero también a lo Riquelme, metiendo pases dignos del hombre de Boca. Atención: no hay que olvidarse de que la goleada y la buena actuación de varios jugadores se dio ante Venezuela. Que hubo errores en defensa y desaciertos en la marca que ante rivales con mayor potencial cuestan caro. Que falta mucho para ser un gran equipo. Si Argentina logra repetir una actuación como la de este sábado fernte a selecciones de más jerarquía, habrá algo concreto para soñar en serio. Por ahora hay que celebrar el valor de una victoria con sabor especial, porque fue el debut oficial de Diego Armando Maradona, un técnico especial.
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