jueves, 14 de mayo de 2009

“Fue la noche más feliz de toda mi vida”


Emilio Rentería, héroe del triunfo rojo, perdió el sueño y el apetito tras su exhibición en la Libertadores

CARACAS.- El hogar de Emilio Rentería se identifica a la distancia por el sonido del reggaetón y la champeta. Ayer el eco musical se escuchó más duro que nunca porque había que celebrar su gran actuación que llevó al Caracas a los cuartos de final de la Copa Santander Libertadores.

“El gol se me va a quedar grabado para siempre. No me canso de verlo porque después que pateé ni siquiera vi por dónde entró. Luego escuché los gritos y fue cuando empecé a correr”, reconoce el goleador sobre el trallazo que sentenció el partido ante Cuenca.

Tanta emoción cambió el ritmo de vida de Rentería, que desde el pitazo final ha vivido situaciones atípicas. “Me acosté un rato cuando llegué a la casa, aunque después me costó dormir y apenas pude pegar los ojos por tres horas. Pero ojalá sigan viniendo noches sin dormir si es por haber marcado más goles”, apunta.

Para el de Nuevo Horizonte ayer amaneció de golpe y con premura se alistó para cumplir su rutina de desayunar y leer el periódico. “Me echaron mucha broma en la panadería. Primero porque ellos dicen que como mucho y ayer dejé la mitad de lo que pedí y luego porque me reconocieron en la portada de Líder”, acota.

El aliento lo cura todo

En los días previos al encuentro copero, el delantero estuvo en duda por un desgarro en su pierna izquierda, pero para los ecuatorianos esto lució como un cuento chino. “Es cierto que jugué con una rotura en el abductor”, dice Rentería, “pero ni loco me iba a quedar sentado porque con un estadio lleno el cansancio y las lesiones se olvidan”.

Si la pierna izquierda estaba tocada, la derecha sí que funcionó. Si no que le pregunten al arquero de Cuenca.

“Los únicos goles que recuerdo de esa distancia fueron los dos del Sudamericano sub-17. El profesor Sanvicente me dijo que probara más y, gracias a Dios, me salió bien”, señala el atacante que dedicó su obra de arte a sus ex compañeros del equipo Sandinito, en el cual dio sus primeros pasos como futbolista. Tampoco se olvidó del público que alentó en el Olímpico al cuadro capitalino.

“El triunfo no fue para nosotros, sino para la afición que se portó a la altura durante los 90 minutos”, apunta.

Saludos por doquier

La suspensión de Castellín le abrió el chance en el once a Emilio, que reservó su mejor traje para el gran día. “Justo el martes en la tarde me dieron las botas nuevas y decidí ponérmelas para probar suerte. Aunque a veces se dice que hay que amoldarlos con el uso, el derecho quedó más que listo”, confiesa entre risas un orgulloso Rentería.

La resaca tras su inolvidable jornada fue tranquila; eso sí, con un inagotable aluvión de llamadas y más de 50 mensajes de texto. “El que más recuerdo fue uno que me mandó una amiga antes del juego en el que me decía que demostrara por qué estaba ahí”. Y vaya que lo hizo.

Con un entrenamiento ligero en la cancha del Cocodrilos y la felicitación de amigos y desconocidos, Rentería culminó las 24 horas más felices de su vida.

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