lunes, 25 de mayo de 2009

¿Y la carta de Guzmán?

Es un hecho. Jesús Guzmán alcanzó su sueño en nueve meses.

Tal vez este tiempo es mucho para los que se dedican a otras cosas. En ese espacio se gesta un bebé, se reúne para un viaje o se logra cualquier otra meta medianamente importante en la vida de cualquier ciudadano.

Pero el jueves 21 de mayo, este joven sucrense demostró que todo esfuerzo amerita su premio.

¿Quién prestó atención a este jugador hace un año?, pocos dan una respuesta positiva a esta interrogante. Sus familiares, amistades y cualquier otra persona cercana a él, seguramente eran los únicos seguidores de sus actuaciones en la pelota.

Guzmán es la simple muestra de que a cualquiera le puede cambiar la vida en un abrir y cerrar de ojos. Un pelotero que debutó en el beisbol rentado un 16 de octubre de 2004 con los Cardenales de Lara y que su carrera profesional, por lo menos en el país, no tomaba el repunte de consolidación que siempre les llega a las grandes estrellas.

Un cambio a los Leones del Caracas en el 2007 le abriría las puertas a aquel muchacho proveniente de Cumanácoa. Difícilmente conseguiría el reconocimiento con los pájaros rojos, pues no es secreto para nadie que año a año, los larenses se arman con sus más astutas estrellas en el cuadro interior, zona donde se desempeña el sujeto en cuestión.

Después de haber pasado siete años (desde el 2001) en la organización de los Marineros de Seattle, fue cambiado a las sucursales menores de los Atléticos de Oakland, donde fue cesanteado sin esperar más de un año por él.

Fue desde septiembre del 2008 –por eso hablo de los nueve meses- cuando la vida le terminó de sonreír. Luego de hacer su pretemporada con los Leones, decidió jugar desde el primer día. Para sorpresa de todos, finalizó como Jugador Más Valioso, Productor del Año y líder en carreras anotadas y empujadas. Esas cifras le permitieron recibir una invitación de los Gigantes de San Francisco, equipo con el que pasó una primavera increíble y recibió el llamado el pasado jueves.

Para la fecha, el oriental contaba con un imparable, pero no dudo que pronto lo se suelte a batear. Los comunicadores en California no esperaron mucho para criticar su defensa, pero lo importante es que él mismo sabe en qué debe mejorar. La única inquietud que me queda se la dirijo al señor Eugenio Guzmán, padre del ahora grandeliga: Es tiempo de mostrar aquella carta en la que aquel niño soñador prometía dejar el nombre del país en lo más alto.


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