lunes, 8 de junio de 2009

El retorno del guerrero

Kelvim Escobar volvió a Grandes Ligas después de 16 meses de dolor y dudas

Cada vez que Kelvim Escobar hace su último pitcheo de calentamiento, y luego de ver cómo sus compañeros corren la pelota por el infield, se prepara para una pequeña rutina con la que le agradece a Dios el privilegio de lanzar en un estadio de grandes ligas, rodeado de 45 mil aficionados.

Escobar se ha convertido en un símbolo de lucha en VenezuelaEl sábado, en el Comerica Park de Detroit, el pitcher venezolano dedicó un momento de agradecimiento más largo de lo habitual, después de recibir la pelota del antesalista Chone Figgins y antes de ir hacia la goma con su primer envío de la noche.
"Estaba muy emocionado", declaró el nativo de La Sabana, en la rueda de prensa posterior al encuentro. "En ese primer inning ni siquiera lancé. Sólo tiré la pelota y ya".
Escobar recorrió cinco innings con dos carreras contra los Tigres, y cargó con la derrota. Regaló cuatro boletos y repartió cinco ponches.
No parece la presentación por la que un serpentinero haría un acto de fe especial. Pero el varguense confiesa que dedicó unos momentos a agradecer "a Dios y a mis santos" por la oportunidad que estaba viviendo. Era el primer juego del monticulista suramericano en las grandes ligas desde octubre de 2007.
"Tengo mucho que agradecer", explica Escobar, a través del hilo telefónico. "Todos saben por lo que pasé para llegar a este punto. Hubo tantas dudas y momentos difíciles. Especialmente cuando el año pasado, después de pasar tres o cuatro meses en rehabilitación, me dieron la noticia de que era necesario operarme".
El lanzador de los Ángeles de Los Ángeles venía de ganar 18 encuentros en un campeonato y contendió por el premio Cy Young hasta la llegada de septiembre. La pausa invernal fue igual a otras. Pero todo cambió cuando, en enero, empezó a prepararse para el spring training.
El dolor que sintió en el hombro fue la señal de que algo estaba mal. Fue el comienzo de una pesadilla.
"Ese dolor es como un cuchillo, adentro del hombro", señala. "Ahora mismo siento dolor al día siguiente de lanzar, pero eso es normal. Es como en el spring training: se trata con masajes y hielo. Pero a ese otro dolor, como un cuchillo, le tengo pánico".
La molestia llevó al quirófano a Escobar y de allí a un limbo, debido a las advertencias de los galenos.
"Fue lo peor", admite. "Porque el médico del equipo me dijo que podría regresar, pero que muy probablemente tendría menos velocidad y mi repertorio no sería igual".
Un pitcher que depende de una recta de 95 millas por hora teme el momento en que deberá convertirse en un artista del control. El venezolano creyó que había llegado al fin de su carrera. "Hasta pensé en retirarme", confiesa. Pero insistió.
Escobar se ha convertido en un símbolo de lucha en el beisbol de su país, gracias a su persistencia. Los médicos más optimistas auguraron que podría regresar a las mayores para el Juego de Estrellas, en julio, y él, sin embargo, se adelantó tanto en su rehabilitación, que estuvo a un tris de reaparecer a finales de mayo.
El resurgir de las molestias físicas demoró su vuelta por unas semanas más. Llegó a lanzar contra los Padres de San Diego en la última semana del spring training, pero poco después debió parar, al resurgir los inconvenientes.
Fue una falsa alarma. Por eso, la mañana del 28 de mayo, después de una salida de rehabilitación en clase A, movió el brazo apenas abrió los ojos en el hotel y sonrió a plenitud.
"No sentí más que el dolor normal del día siguiente", señala. "Cero pinchazos. Me levanté súper contento".
La conclusión de Escobar fue sencilla y llena de significados: "No hay duda. Estoy de regreso".
El serpentinero caribeño, ciertamente, volvió a la rotación de los querubines. El último miembro del golpeado quinteto de abridores, cuatro de cuyos integrantes pasaron por la lista de incapacitados, retomó la tarea de ayudar a los Ángeles a meterse en la postemporada.
Escobar no piensa únicamente en los playoffs, sin embargo, cada vez que enfila al plato. Volver de un virtual retiro le permite tener otra visión del juego y su carrera.
"Cada lanzamiento que haga de ahora en adelante será una bendición", asegura. Y sus compañeros, dice, piensan igual. "Están más emocionados que yo. Ellos tenían muchas dudas, pero ya todo quedó atrás. Aquí estoy. Han visto que soy un luchador".
Cuando Escobar termine su calentamiento previo a un duelo, observe en detalle cómo camina detrás del montículo y se recoge en un momento de oración. Estará agradeciendo el milagro de recibir otra oportunidad.
"Cada lanzamiento que haga será una bendición", exclama. "Voy a aprovechar cada pitcheo al máximo. Nadie imagina cuánto lo voy a disfrutar".

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